Más de un millón de jóvenes desmotivados para estudiar y trabajar, por Julio Pérez

Los jóvenes son el futuro del país. Algunos de ellos estudian, otros solo trabajan, un buen grupo ni trabaja ni estudia y otro estudia y trabaja a la vez. Muchas personas en edad escolar o académica se insertan en el mercado laboral motivadas por factores personales, familiares, entre otros; este grupo son los llamados “SíSí”, es decir, jóvenes que Sí trabajan y Sí estudian, todo lo contrario a los jóvenes que ni trabajan ni estudian denominados “NíNí”. 

Un reciente estudio del banco mundial revela que las cifras de los “NíNí” en la región son motivo de preocupación: 20 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan; sin embargo, Perú tiene uno de los más bajos porcentajes, lo cual no deja de ser un tema de especial interés. Datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) del 2015 indican que 1.3 millones de peruanos entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan, de los cuales el 86% son “NíNíNí”; ni estudian, ni trabajan ni desean hacerlo, es decir, jóvenes desmotivados que carecen de oportunidades de mercado y que constituyen una importante masa laboral futura propensa a la delincuencia y a la inseguridad social. Lo preocupante en este segmento es que van en aumento al pasar de 16,5% en el 2010 a 19,3% en el 2015, lo cual puede traer consecuencias negativas en la productividad y el crecimiento económico de largo plazo.

Complicada situación de los SíSí en el mercado laboral

Si bien es pertinente monitorear el comportamiento y la evolución de los “NíNí”, también lo es para los jóvenes que Sí trabajan y Sí estudian. Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es positivo el trabajo que realiza un joven, pues contribuye a la acumulación de experiencia y al bienestar de su familia, siempre y cuando no merme su salud y desarrollo personal. Si bien es deseable que un joven a temprana edad se dedique exclusivamente a estudiar, en la práctica muchos de ellos trabajan y estudian a la vez, lo cual no siempre es malo, puede tener efectos positivos cuando el trabajo es estable por un lapso de 20 horas semanales (Mortimer, 2010).

Recientemente el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha destacado la importancia de estudiar a los “SíSí” que representan una importante proporción de la fuerza laboral. Destacan a Perú como uno de los países con mayor proporción de “SíSí” en la región Latinoamericana. Pero, ¿Qué tanto sabemos de los jóvenes “SíSí”? ¿Vale la pena ser un “SíSí”? ¿En dónde están? ¿Qué hacen? ¿Tienen adecuadas condiciones laborales? ¿Cuáles son las perspectivas del futuro?

Datos de la ENAHO del 2015 revelan que en Perú existen 763 mil jóvenes entre 15 y 24 años que Sí trabajan y Sí estudian, de los cuales el 54,0% son hombres y el 46,0% son mujeres. Uno de cada dos “SíSí” tiene estudios secundarios, en mayoría provienen del área urbana y son solteros sin responsabilidades conyugales o carga familiar.

  • Se ocupan en actividades de baja productividad. Los “SíSí” se desempeñan, principalmente, en la agricultura y ganadería (25,6%), servicios no personales (24,4%) y comercio (20,9%), como agricultores, vendedores al por menor, empleados de oficina, artesanos y operarios.
  • Laboran en microempresas o para un familiar sin remuneración a cambio. Casi la tercera parte (32,3%) trabaja en pequeñas unidades productivas de 2 a 10 trabajadores y el 31,3% lo hace para un familiar sin recibir remuneración alguna. El sector público absorbe apenas al 2,7% y el resto se desempeña como independientes o en la mediana y gran empresa.
  • Perciben ingresos insuficientes. El 45,1% de los trabajadores “SíSí” gana por debajo de un sueldo mínimo (S/. 750 en el 2015), 31,6% no tiene ingresos pues labora para un familiar sin recibir una compensación monetaria y solo el 23,4% percibe ingresos por encima del ingreso mínimo vital. 
  • Tienen empleos de baja calidad. El 90,3% de los “SíSí” es informal con contratos de trabajo casi inexistentes: el 78,7% no tiene ningún contrato laboral formal y solo el 21,3% tiene algún contrato que mayoritariamente es a plazo fijo o en formación laboral juvenil.
  • Carecen de acceso a los servicios básicos de seguridad social. El 47,0% de los “SíSí” cuenta con un seguro de salud; sin embargo, un 32,2% no está afiliado a ningún seguro de salud. Peor es la situación en el tema previsional: el 86,6% no está afiliado a un sistema de pensiones.

En general, los “SíSí” en el mercado laboral peruano poseen empleos de mala calidad caracterizados por una baja cobertura en el acceso a los servicios de salud y pensiones con remuneraciones por debajo de un salario mínimo que van asociados a la existencia de una gran proporción de jóvenes con empleos informales en donde la mayoría labora sin contratos laborales.

Una posible explicación es que muchos “SíSí” carecen de habilidades necesarias para encontrar un empleo en el sector formal, por lo que en la mayoría de casos se refugian en puestos de trabajo temporales e inestables en el sector informal. A ello se suma la falta de experiencia laboral y la creciente brecha entre lo aprendido y lo que demandan las empresas. Frente a esta situación ¿Qué hacer?, no solo se requiere dotar de mayores incentivos, formación de habilidades (técnicas y blandas) adecuadas y generar oportunidades de mercado, sino también de mejorar las condiciones y la calidad de sus actuales puestos de trabajo para aprovechar mejor sus posibilidades de desarrollo económico y reducir la pobreza y la desigualdad.

Mayor participación laboral de los jóvenes en el futuro

Las perspectivas para los próximos años (hasta el 2050) revelan una tendencia creciente de la tasa de actividad de los jóvenes peruanos, es decir, un mayor porcentaje de jóvenes conformarían la oferta laboral en los siguientes treinta años. Estimaciones de la CEPAL revelan que la actividad de los jóvenes de 15 a 24 años pasaría de 57,0% en el 2010 a 63,2% en el 2050 y seria incluso muy superior a la participación de los adultos de 30 y más años de edad. 

Si en el presente no se implementan políticas adecuadas para revertir esta situación, se correría el riesgo de no aprovechar la oportunidad del bono demográfico. Por tal razón, impera la necesidad de una transformación en la relación educación-empleo que permita incrementar las oportunidades para los jóvenes basadas en un modelo de aprendizaje adecuado a las exigencias del mercado. El trabajo del futuro es cambiante y se requiere constantemente de una revisión y actualización de contenidos para mantenerse empleable en un mundo cada vez más competitivo.

Descarga el estudio de Los “NiNis” y los “SiSis”: una generación en riesgo